jueves, 20 de marzo de 2008

No le digas a mi madre que soy árbitro de Blood Bowl, ella cree que soy pianista en un burdel (II)


- Hola amigos, bienvenidos una tarde más al Diario de Morticia, el programa en el que conocemos de primera mano los casos más extraños y depresivos de las Tierras Medias. Como todos sabéis, por culpa de los problemas derivados de una entrevista a un árbitro de Blood Bowl hace unos días, ahora todo el mundo habla de los problemas de este gremio. Nuestro primer invitado de hoy también viene a hablarnos de este problema, según su propia experiencia como profesional del arbitraje: tenemos aquí con nosotros a Ragnar Negrocaos. Buenas tardes, Ragnar.

- Buenas tardes, Morticia.

- Bueno Ragnar, tú eres árbitro de Blood Bowl, ¿verdad?

- Así es, desde hace 27 años.

- Desde hace 27 años te dedicas a arbitrar partidos de Blood Bowl. Ragnar, ¿tú eres feliz?

- (Sigh) No.

- Ragnar, nos dices que no eres feliz. ¿Por qué?


- Bueno, después de lo que dijo Gorbag Hachanegra el otro día, ya todo el mundo sabe como es nuestra profesión. Mi caso no es diferente. La gente me desprecia.

- ¿En que notas tú que la gente te desprecia?

- Pues cuando voy a una taberna, por ejemplo. A veces los taberneros me reconocen y me expulsan. O los hinchas de los equipos. Más de una vez me han reconocido por la calle y me han dado una paliza. Por no hablar de los jugadores.

- ¿Y tu familia? También has tenido problemas con ellos, ¿verdad?

- Si. Muchos.

- Cuéntanos.

- Un día, en un partido, el troll de los Reventadores me agarró y me arrojó contra la Grada 3. Mi padre estaba en esa grada y me vió. Al saber que yo era árbitro de Blood Bowl, no pudo soportar la verguenza y se enroló en una compañía de mercenarios para ir a luchar a Luskan. Murió allí, devorado por los loros mutantes.


- Pero ese no es único problema que has tenido, ¿verdad?

- No.

- Ragnar, ¿tú estás casado?

- Si.

- ¿Y dónde está tu mujer?

- Pues no lo sé, Morticia, no lo sé.

- ¿Como es que no lo sabes?

- Ella me abandonó.

- ¿Te abandonó por ser árbitro?

- Si.

- Cuéntanos como fue.

- Un día que hubo que cancelar un partido porque el campo estaba inundado. Así que volví pronto a casa. Y cuando llegué me encontré a mi mujer con Linda Mortis, la capitana de las Doncellas de la Muerte.

- ¿Donde las encontraste, Ragnar?

- Las encontré en la cama.

- ¿En la cama?

- Si. A las dos juntas. Estaban desnudas, besándose.


- ¿Y que pasó?

- Cuando me vieron, Linda me reconoció por los partidos de su equipo que he arbitrado y le contó a mi mujer a lo que yo me dedicaba. Entonces mi mujer cogió sus cosas, a nuestra hija, me dijo que era un fracasado y se fué.

- ¿Así que tú mujer se hizo lesbiana y te dejó por una capitana de Blood Bowl cuando se enteró de que eras árbitro?

- Bueno, supongo que ella ya sería lesbiana... Pero me dejó cuando supo que era árbitro.

- Por eso siempre intentáis ocultar vuestra profesión, ¿no?

- Si, es para que no nos pasen este tipo de cosas.

- Porque, Ragnar, ¿tú tienes mucha experiencia en no decirle a la gente que eres árbitro, verdad?

- Si, poca gente lo sabe.

- Como por ejemplo tu madre.

- Si.

- Cuéntanos lo de tu madre, Ragnar.


- Bueno, pues mi madre nunca supo porqué mi padre nos abandonó y se fue a Luskan.

- ¿Y ella sabe a que te dedicas?

- No.

- ¿No lo sabe? ¿Y entonces a que piensa que te dedicas?

- Ella cree que soy pianista en un burdel.

- ¿Ella cree que tú tocas el piano en un burdel?


- Una pianola, si.

- Ragnar, ¿por qué esa mentira?

- Porque para una madre es muy triste ver que su propio hijo se dedica a una profesión tan despreciable como es el árbitraje del Blood Bowl.


- ¿Y porqué pianista de burdel?

- Porque tiene que ser creíble. Mi madre nunca me creería si le dijese que soy guerrero, o gladiador o jugador de Blood Bowl.

- ¿Y esto si se lo cree?

- Si. Mi patetismo no le hace sospechar otra cosa.

- ¿Y que piensa de que seas pianista en un burdel?

- Bueno, ella lo acepta. No le gusta, pero lo acepta.

- Bueno, Ragnar. Hasta ahora nos has contado tu triste caso. Y nosotros queremos ayudarte. ¿Que te parecería que te dieramos una sorpresa?

- Oh, me gustaría mucho.

- Bien. Durante todo el programa hemos tenido en el estudio a una persona a la que tu quieres mucho. ¿Te gustaría saber quién es?

- (Entre sollozos) Si, por favor. Me gustaría mucho. ¡Snifff!

- De acuerdo. Pues ahora, ¡que pase la madre de Ragnar!


(musiquilla sensacionalista)

- Buenas tardes Sra. Negrocaos.

- Buenas tardes, Morticia, querida. Siempre veo tu programa, ¿sabes? Me gusta mucho.

- Hola mamá.

- Ragnar, hijo. ¿Has visto que estás aquí en el diario de Morticia? Oisssss, seguro que nos están viendo todas mis amigas.


- Sra. Negrocaos, ¿sabe usted porqué está aquí?

- Bueno, realmente no.

- Esta tarde hemos hablado con su hijo sobre un secreto que tiene y que usted no sabe.

- Yo quería decirtelo, mamá, pero no sabía como.

- Tranquilo, hijo, si yo ya lo sé todo.

- ¿Ya lo sabes, mamá?

- ¡Pues claro! Un día pillé yo a esa golfa, perdonen la expresión, fornicando con otro hombre.

- ¿Pilló a la mujer de su hijo con otro hombre?

- Si, un día mientras mi hijo estaba en el trabajo, pasé por su casa para darle a su mujer unos baberitos que había bordado para la niña. Y cuando llegué me la encontré en la cama con uno de esos jugadores de Blood Bowl.

- ¿Con un jugador de Blood Bowl? ¿Quién era mamá?

- Ay, era ese negrito tan brutote que siempre lleva una piel de gato encima.

- ¿Negrito? Joder, mamá, era "Coloso" Chala, el blitzer de los Panteras Negras.

- Ragnar. Parece que tu mujer era aficcionada al Blood Bowl en todas sus variantes.

- Si. Menos en la que a mi me atañe.

- Hijo, ¿es que tú juegas al Blood Bowl?

- Sra. Negrocaos, lo que su hijo quería decirle no tiene que ver con lo de su mujer.

- ¿No me digas que es jugador de Blood Bowl? ¡Oyysss, que emoción! Con lo que le gustaba a tu padre... ¿Y en que equipo juegas?

- Mamá...

- ¿Y marcas mucho? Seguro que sí, porque a tu padre le encantaba ir a ver los partidos. ¿Y como es que él no lo sabía? Claro, jugarás con máscara, ¿verdad? Y con un nombre de guerra de esos tan ordinarios... ¡Ay ay ay! ¡Que ilusión!

- Mamá, no soy jugador de Blood Bowl.

- ¿No? Pero entonces...

- Sra. Negrocaos, ¿usted sabe en que trabaja su hijo?

- Bueno, yo... si.

- ¿Puede decirnos en qué?

- Bueno... él es... es músico.

- Tranquila, mamá, ellos ya lo saben.

- Si, Sra. Negrocaos, nosotros ya sabemos lo que su hijo le dijo que hacía.

- Lo que me dijo...

- Era un engaño mamá.

- ¿Un engaño?

- Yo no sé tocar el piano.

- ¡Hijo mio! Entonces... ¿te prostituyes?

- No mamá, es peor aún.

- Sra. Negrocaos, su hijo es árbitro de Blood Bowl.



(silencio dramático)


- ¿Árbitro... de Blood Bowl?

- Si, mamá. Soy árbitro.

- Pero hijo... Yo creía que tú eras una persona honrada...

- Pero si yo soy honrado, mamá.

- Y entonces tú... ¿arbitras todos esos partidos? Pero... pero... ¿Y que hay de tu empleo de pianista? ¿Y tus compañeros del trabajo que trajiste una vez a merendar?

- Eran también árbitros, mamá.

- Oh, yo creí que también tocaban el piano en La Teta Pizpireta.

- En los burdeles sólo hay un pianista, señora.


- ¿Así que trajiste a toda esa gentuza a mi casa?

- Si, mamá.

- Con lo buenos muchachos que parecían... Hay que ver, cómo me dejé engañar...

- Mamá...

- Calla, hijo, que esto no se le hace a una madre. Por el coño de Hela, que verguenza...

- ¡Sra Negrocaos, por favor! Controle su lenguaje, piense que hay mucha gente viéndola.

- Cierto... Todas mis amigas me están viendo. Han visto mi pública humillación.

- Mamá, esto no es...

- ¡Calla! No me llames así.

- Pero si soy tu hijo...

- ¡No! Tú ya no eres mi hijo. Desde este mismo momento te desheredo.

- ¿Oh Crom, por qué? Yo sólo quería que estuvieses orgullosa de mí.


- ¿Orgullosa de saber que te dedicas a arbitrar partidos? ¿Orgullosa de saber que vistes una piel de cebra?

- Ragnar.

- Mamá, por favor, escuchame.

- Ragnar.

- ¿Qué?

- ¿No crees que deberías pedirle perdón a tu madre?

- Pero si yo...

- O al menos compensarla de algún modo.

- Pero...

- Después de todo, acabas de arruinar mi vida.

- Y además en público.

- Pero si yo...


- Hay que ver. No sólo es árbitro sino que además odia a su pobre madre.

- Pero si me has dicho que ya no eras mi madre...

- ¡Aaaay! Y además niega que sea su madre. En mala hora lo parí. Buuuuaaaah, buuuuuaaaahhhhh...

- Tranquila, Sra Negrocaos. Por favor, traiganle un vaso de agua.

- ¿Estás ya mejor mamá?

- ¡No me hables, chacal! Que me has destrozado la vida y además te regodeas.

- Ragnar, creíamos que eras un buen hijo.

- Qué va a ser un buen hijo, si siempre me ha maltratado.

- Y recordemos que su padre se fue a Luskan por su culpa.

- Y además se tuvo que casar con esa guarra ninfómana.

- Y tuvo un hijo con ella que probablemente fuese de otro hombre.

- Esto es injusto, una se pasa la vida partiendose la espalda criando a un hijo para que luego esa zorra lesbiana se dedique a engendrar bastardos con otros tíos, la muy puta, mientras el tonto de mi hijo deja que le crezcan los cuernos.


- Que se puede esperar de un árbitro.

- ¡Está bien! Esta bien. Para compensar a esta señora, que ya no sé si quiere o no ser mi madre, por ser árbitro de Blood Bowl, le doy mi casa y todas mis posesiones.

- Ragnar, ¿crees que eso le va a servir de mucho?

- Vale, también le pasaré como pensión la mitad de mi escaso sueldo.

- Ay, que desgracia, que desgracia...

- Ragnar, ¿a tí que te parece todo esto?

- ¿Que me va a parecer? En menos de media hora, mi vida, miserable de por sí, acaba de hundirse sin remedio.

- ¿Acaso piensas que no es justo? Ragnar, yo no quiero meterme en tu vida, pero me parece a mí que te lo has buscado.

- ¿Que me lo he buscado?

- Bueno, te has dedicado al arbitraje, hiciste que tu padre se fuera buscando la muerte, dejaste que tu mujer te engañase con estrellas del Blood Bowl y que se llevase a tu hija. Y no contento con todo ello decides contarle a tu madre todo esto de sopetón y encima de manera pública para que se entere todo el mundo.

- Buuuuaaah, buuuuaaaaah...

- Bueno, en mi defensa me gustaría decir una última cosa...

- Lo siento, pedro no podemos dedicaros más tiempo. El tiempo corre y todavía tenemos que hundir escuchar a varios invitados más. Muchas gracias por estar hoy aquí con nosotros. Sra Negrocaos, buenas tardes, puede abandonar ya el plató.

(Aplausos)

- Ragnar, gracias por venir. Adiós.

(Abucheos)

- Bueno, pues les deseamos mucha suerte a Ragnar y a su madre, y esperamos que todo les vaya bien, aunque lo dudo, porque se lo hemos puesto dificil. Y ahora, ya que hemos destrozado las vidas de dos personas más y toda su familia, vamos a dar paso a nuestro siguiente invitado. Les presentamos a Gunter Dedosrotos, que viene a contarnos sus problemas. Gunter trabaja de pianista en una casa de lenocidio llamada La Teta Pizpireta y...

4 cosas (no) relacionadas:

Nimendil dijo...

Qué agusto me he quedado, hacía tiempo que no escribía una entrada tan larga...

Dinorider d'Andoandor dijo...

jajajajaja

sólo faltaba que aparecieran la lesbiana infiel, el amante y la amante para acabar de hundir al tío!

jajajaja

Khazum dijo...

Jajajaj. Buenisima. Espero que haya más entradas del diario de Morticia. jajaja

Si que debe ser una verguenza arbiotrar BB como para irte a Luskan por tu propia voluntad...

Luciérnago dijo...

XD XD
¡¡Colosal!!

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