Barbarella (1968)
Esta cinta de finales de los 60 está impregnada de una psicodelia cutre de lo más auténtica. Con su estética de videojuego de maquinita de recreativo, y su curiosa (y optimista) visión del futuro galáctico, es considerada todo un clásico.
Barbarella es una guardiana de la paz del universo. El presidente del planeta Tierra le encomienda la misión de encontrar a un científico loco llamado Duran Duran (sí, como el grupo hortera) y evitar así que haga maldades con su invento: el rayo Positrónico, capaz de transportar a cualquier ser vivo a la cuarta dimensión.
En su camino hacia Sogo, la ciudad donde se encuentra Duran Duran, su nave se avería en mitad del planeta helado, pero consigue arreglarla con ayuda del guardián. Sin embargo el guardián arregla el estabilizador del revés, y Barbarella cae en el Laberinto, un lugar en el extrarradio de Sogo donde van aquellos que no tienen maldad y del que es imposible (o no tanto) salir.
Es aquí, en el laberinto donde podemos encontrar numerosas criaturas estrafalarias, y seres extraños, al más puro estilo StarWars.
Al final Barbarella escapa en brazos de un ángel ciego, y logran entrar en Sogo, la capital de mal, gobernada por un malo malísimo, que resulta ser una mala malísima.
Cada vez que Barbarella cae en algún peligro (niños que juegan con muñecos carnívoros, guardianes maléficos...) alguien la salva, ella quiere recompensarlos y lo hace con favores sexuales. De aquí, y aunque la cinta sea muy poco explícita en cuanto a sexo, Barbarella es considerada como la primera película del género “fantaerótico”.
Y después de este pequeño resumen de la cinta, cualquiera se daría cuenta de lo delirante de la misma.
Sin embargo no me veo en condiciones de aseverar si es machista o feminista, surrealista o psicodélica, buena o mala.
El caso es que Barbarella, con su extraña nave recubierta de peluche y los disfraces variopintos que encuentra donde quiera que vaya, es un mito.
Queridos lectores, si no la han visto ya, háganlo, pero sin olvidar que No es una buena película ni una obra maestra. Es simplemente Barbarella, una irrisoria visión del futuro.






















