Mobiliario urbano
Saludos amigos frikis, bienvenidos un jueves más a los posts niméndilos. Hoy quiero compartir con vosotros una reflexión que he ido madurando a lo largo de muchos años de llegar y salir de mi casa.
Veréis, aquí en Madrid, nuestros queridos alcaldes siempre se han caracterizado por sus ingeniosas ideas. No hablo, como alguno podía sospechar, de la genial idea de hacer túneles y túneles para enterrar todas las autopistas posibles y que los gepeeses no funcionen. Hablo de la genial idea de proteger a las viejecitas.
Si, os explicaré. Para que las viejecitas puedan aproximarse a los pasos de cebra sin jugarse la vida y que los coches las vean y paren, el alcalde puso unos maceteros enormes a los lados de los pasos. Y por si fuera poco, en el punto medio entre los maceteros puso unas mortíferas barras de hierro. Con todo este blindaje, es cierto que las viejecitas están más protegidas, pero lo que pasa ahora es es casi imposible cruzar sin tener que hacer miles de quiebros y vericuetos.
Claro, los pasos de cebra nunca están justo en la esquina, como debería ser, sino unos metros más adentro. Esto supone un gasto en muchos sentidos. Mismamente con lo de los macetones. Si los pasos estuvieran en las esquinas, para los dos pasos de una esquina sólo serían necesarias tres macetas, en vez de cuatro. Y en total en una manzana habría que poner doce macetas en vez de 16. Sería un ahorro de cuatro macetas por manzana, es decir que con el mismo costo de ahora por cada tres manzanas la cuarta le saldría gratis al alcalde, es decir, a nosotros.
Y no sólo es un gasto macetil, sino que también es un gran gasto termodinámico. Para demostrarlo he hecho un pequeño esquema de mis posibles trayectorias.
Esta es la situación. Yo entro por un lado y quiero salir por el lado contrario y por la acera contraria. Apreciense los maceteros, que delimitan los pasos de cebra y los peligrosos pilotes metálicos. He de decir que para realizar mis cálculos no he tenido en cuenta la presencia de incómodos y asquerosos transeúntes de esos que suelen infestar las calles, porque tantas esquivas, paradas y empujones habrían complicado mucho los cálculos.
Trayectoria oficial. La que sigue la mayor parte de la gente. Termodinámicamente poco rentable, ya que hay que desviarse en una complicada ruta para poder hacer los dos cruces, con una gran variacion de aceleraciones y velocidades.
Trayectoria óptima. La trayectoria sinusoidal es la trayectoria óptima que implica el menor riesgo. Lo malo es que la molesta presencia de coches circulando por la calzada hace que no podamos arriesgarnos a aumentar la excentricidad de la curva hasta hacerla casi una diagonal. Esta ruta sería por tanto, la mejor, y además esquivaríamos los incomodos macetones.
Pues ya está, ¿no? Parece que con esta ruta ya está todo resuelto, ¿verdad? Pues no, amigos, no. Porque no hemos tenido en cuenta que en Madrid tenemos otro problema añadido. La escasez de plazas de aparcamiento. Como en esta bendita ciudad nunca hay sitio para aparcar, los conductores deben recurrir a todos los sitios posibles, sin tener en cuenta que entorpecen mis trayectorias de vuelta a casa, los muy desconsiderados.
Así que, para esquivar los coches hay hacer unas variaciones en la ruta óptima, y humillarse de nuevo a rodear los maceteros.
Y ni siquiera se puede aprovechar bien el desplazamiento por el centro del cruce, ya que la presencia del coche en la esquina impide que veamos y que nos vean los coches de la otra calle.
Así que cada día tengo que rodear esos horribles mamotretos de cemento, suficientemente cerca, además, para no golpearme las rodillas con las barras mortíferas. Y claro, dar tanta vuelta alrededor de esas macetas me lleva a plantearme una cosa. Todos sabéis que uno de los métodos más rentables de viajar por el espacio es aproximarse a los planetas para ser "lanzados" por su campo gravitacional. Pues bien, imaginad por un momento que los macetones del alcalde generasen un campo gravitatorio lo suficientemente fuerte como para impulsar a aquellos que pasasen por una de sus órbitas más lejanas. Eso si que sería una ventaja, que haría que la trayectoria más rentable en términos de energía fuese la más larga y farragosa.
Claro, esto tendría sus desventajas, porque aquellos que fuesen más despacio o se acercasen demasiado al macetero quedarían atrapados por su campo gravitatorio y entrarían en órbita en la acera. Y yo sospecho que ese es el motivo por el cual el alcalde no se decidió a hacer los maceteros con campo gravitatorio. Porque mira que habría sido fácil hacer maceteros de ese tamaño con una masa concentrada de más de sesenta millones de billones de kilos. No para cualquiera, pero para alguien con tantas tuneladoras seguro que si.
En fin, la verdad es que eso lo comprendo, por lo de las viejas en órbita y todo ese lío, pero lo que si que no sé es porque no han puesto los postes de velocidad.
Eso si que sería sencillo. En el centro de curvatura de cada esquina se instala un poste. Para aprovechar medios incluso puede ser una farola. Así, cuando vas por la calle, con tu velocidad uniforme, y deseas girar, en vez de frenarte y cambiar de rumbo, no tienes más que agarrarte a la columna y mantener tu velocidad.
Al fijarte por un punto a la columna tu propia velocidad te crea un momento que te hace girar cual compás humano. Sabéis de lo que hablo, todos lo hemos hecho miles de veces. Pero como digo, lo útil sería poder hacerlo en la calle para desplazarse más comodamente.
Y bueno, creo que ya voy a cortar, porque si os desvelo todas mis teorias de movimientos callejeros nunca me darán el Nobel de Urbanismo. Así que por hoy me despido.
Y os invito a volver dentro de un rato, una hora más o menos, porque habrá sorpresa.





















