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lunes, 16 de febrero de 2009

El guerrero de la cortacésped: Bonus Track


Como el otro día hubo pitorreos sobre mis poses de power ranger y sobre mi recortadora de setos, os dejo un par de fotos tomadas este finde, ahora sí, con la motosierra. Y no sólo de pose, sino en acción.


Esta vez no me puse el mono amarillo. Las virutas de la motosierra no son como las ramitas de la recortadora. Con el mono no te entra ni una mientras recortas el seto, pero cuando usas la sierra da igual lo que lleves. Aunque usases un traje de astronauta acabarías con virutas en todas partes. Y total, si no me iba a servir, para qué ponerme el mono, que lo único que hace es ser un reclamo para francotiradores, mujeres y demás depredadores de hombres.


¿Qué, con la sierra soy más temible, verdad?

viernes, 13 de febrero de 2009

El retorno del guerrero de la cortacésped


Buenos días, amigos, por fin es viernes. Hoy me vais a permitir que antes de la habitual tira diga unas cosillas. Seguramente todos recordaréis que, hace poco, Ki nos enseñó las fotos de su motosierra. Una motosierra Stihl. Un poco sucia, pero bastante mona, todo hay que decirlo.

Pero como todos notasteis, esa entrada no fue sino un claro desafío. Un desafío tecnológico atodos nosotros. Sobretodo para alguien con un historial como el mío.

Y tal vez alguien pensase que las cosas se iban a quedar así. Quien lo pensase se equivocó muy mucho.


Pues bien, Ki, veo tu Stihl y subo la apuesta a una motosierra...


...y una recortadora de setos.


Espero tu siguiente jugada.

Además, tu Stihl no está mal y, vale, al comprarla te regalaron el famoso calendario. Si, Stihl, una marca que está bastante de moda y que muestra mujeres y maquinaria para vender su imagen. Bueno. Pero mi motosierra no es una sierra mecánica cualquiera, ni una vulgar Stihl. Como se ve en la foto es una Husqvarna, auténtica marca profesional, fabricantes no sólo de maquinaria agroforestal y de construcción sino también de motos, y por si fuera poco, de armas de fuego.

Y además a mi no me regalaron calendario pero si un casco molón.

En fin, sobre la motosierra no me voy a extender más. Sobre todo porque no tengo más fotos que esa, que cuando uno se dedica a cortar árboles no hay mucho tiempo para fotitos y... bueno, las baterías de las cámaras se hielan con el frío. El día que el gran árbol cayó fe el día de la nevada y después de hacer tantas fotos a la nieve, la batería se heló y sólo dio para una foto de la sierra.

Sin embargo, sobre la recortadora si voy a poner más fotos. Y además fotos en las que váis a poder disfrutar de la onírica visión de mi cuerpo. El reportaje se lo tenéis que agradecer a Hada, que además de saber de cine es una gran fotógrafa con una cámara profesional. Todas las fotos del post son suyas, salvo la de la motosierra, que fue tomada otro día y por otra persona. Tengo que decir que Hada hizo las fotos en mayor calidad, yo la he reducido para poder subirlas sin tardar horas.


Pues allá vamos. Una vez más el guerrero de la cortacésped volvió a ponerse sus guantes. Pero esta vez no sería para empuñar su Attila. Hoy no sería un combate contra la infantería vegetal, sino contra las unidades aéreas.

El guerrero se prepara.


El guerrero practica.


El guerrero sale al campo de batalla con su armadura.

Si, amigos porque para combatir adecuadamente contra la marea de plantas que intentan invadir caóticamente Reino Jardín no se puede ir vestido de cualquier modo. Es necesario vestir una armadura, en este caso, un mono de combate.

El guerrero posa.


El guerrero en acción.

Y claro, estaréis pensando, todo esto se aplica bien para la defensa de Reino Jardín, pero también se puede aplicar a otros contextos, ¿no?

El guerrero desafía.

En efecto, amigos. Esta misma será mi equipación de combate el día del Apocalípsis Zombie.

El guerrero no baja la guardia.

Así que, cuando los muertos caminen por las calles, buscadme. Yo seré la cosa amarilla que se mueve. No hay posibilidad de equivocarse.

El guerrero, a punto de rematar a un zombie imaginario.

Aunque, cuidado, no me miréis muy fijamente, porque podéis deslumbraros.

El guerrero, rematando a un zombie imaginario.

Y como véis, con estas nuevas herramientas el guerrero de la cortacésped podrá a partir de ahora combatir el caos del jardín y batallar sin tregua contra los enemigos de la belleza y el orden, defendiendo sin descanso setos, arriates y parterres.


Y en fin, queridos amigos, ahora os dejo, para que reflexionéis sobre todo lo que habéis visto hoy aquí. Dentro de dos horas, a las once, volved para leer la tira.

sábado, 30 de agosto de 2008

El Guerrero de la Cortacésped

Eran tiempos difíciles para el jardín. Los setos crecían desordenados. Los árboles perdían fuerzas, y sus ramas se quebraban. El olor de las flores marchitas lo inundaba todo. El césped, caótico, campaba por doquier, dirigido por los resistentes tréboles.

Y allí llegó él. El Guerrero de la Cortacésped. Con un bañador negro, calzando botas altas. Camiseta blanca, sin mangas, con tres letras negras impresas en caractéres góticos: D I O. Su oscura melena, recogida a la espalda por una cinta roja que cruzaba su frente. Con sus guantes amarillos refordados empuñaba a su fiel compañera, una Attila 3000, 17 caballos y cuchillas reemplazables.

Durante mucho tiempo luchó por salvar el jardín. Inmisericorde empujaba su cortacésped por todo el vergel para combatir a su extenso enemigo. Pero no sólo en el suelo encontraba resistencia. Un hacha colgaba de su costado. Al otro lado del cinto, una sierra curva. Las ramas caidas de los árboles impedían el avanze de su devastadora máquina pero el las combatía también, podando a los árboles y recortando el seto.

En los días en que el sol castigaba, el guerrero protegía su rostro con un sombrero modelo Onechambara y continuaba, indomable, con su vasta tarea. El guerrero y su Attila luchaban contra todo lo que impidiese su devastador avanze. Pues sobre el arraigado césped surgían otros enemigos poderosos. Altas espigas que esquivaban con facilidad las cuchillas, densas matas de tréboles que intentaban bloquear el avanze del guerrero. Pero los más peligrosos enemigos eran las jovenes pseudoacacias que crecían tenaces sobre la verde pradera. Sobre todas ellas pasaba implacable el guerrero. Al ser destrozadas por las cuchillas, las acacias se fragmentaban en pedazos, arrojando sus mortíferos pinchos en todas direcciones. Sin mostrar dolor, el guerrero avanzaba, la sangre manaba de los cortes producidos por las saetas de las acacias y resbalaba sobre los hierros de la fiel cortacésped.

Sólo al caer la noche el guerrero se permitía un descanso. Entonces encendía los aspersores y el frescor inundaba la tierra. Sentado sobre una roca, reflexivo, con su melena suelta, disfrutaba del agua cayendo sobre su cuerpo. El descanso del guerrero no sólo limpiaba su cuerpo y sus heridas, sino que además limpiaba su espíritu.

Al terminar el riego el guerrero se levantaba y recogía sus cosas. Silbando una vieja tonada de Twister Sister se internaba en la oscuridad. Nadie supo nunca adonde iba. Pero cada mañana volvía a estar junto al jardín, preparando a su inseparable compañera, ajustando cada pieza y engrasando cada junta, para un perfecto rendimiento durante la dura jornada que los esperaba.

Y un día llegó el fin del verano. El guerrero había conseguido su propósito. Pero su lucha no había terminado. Estaba marcado por el destino. Cada semana que se ausentase debería mantener el riego una vez al día. Y cada fin de semana, cuando la hora estuviese cumplida debería volver y combatir a su enemigo. El enemigo al que había hecho crecer en su ausencia.

Semana tras semana el guerrero debería volver a su lucha. Una lucha sin cuartel, sin tregua. Una lucha inevitable que se repetiría cada fin de semana, como un ciclo sin fin. Un ciclo de ciclos. Una página más en el diario del programador supremo.

Pues ese era su destino, para lo que había nacido, para lo que había sido entrenado. Su más preciado don y su más odiada maldición.



(Hola amigos, he vuelto y ya sabéis a que me he dedicado en mis vacaciones)

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Comentad, comentad. Cuanto más comentéis, antes volverá Cthulhu desde su encierro abisal en R'Lyeh.