sábado, 22 de agosto de 2009

KaMa

Otro relato. Este ni siquiera fue mención, asi que iguales demasiado para mentes sanas como las vuestras.

Dentro relato



En algún lugar del Universo las variables originales tienden a infinito de una manera sólo comprensible para la física no euclidiana. En ese lugar existe un cuerpo. O algo parecido.
Ese objeto, visto de lejos, es un borrón de matices en perpetuo movimiento. Parece como si alguien agitase frenéticamente una coctelera gigante rellena de gelatina de distintos sabores con fuerza sobrehumana. Si nos acercamos más, la mancha se difunde en múltiples fragmentos independientes. Cada uno está formado por las gráficas de distintas ecuaciones interconectadas. Los colores son diferentes según la inconstancia relativa y se funden en una algarabía de líneas y trazos no del todo agradable a la vista.
Pero, más allá del hecho de encontrar substancia en el último confín de la Suprema Generalidad, en ese lugar donde la Entropía no sólo es una Ley Termodinámica si no que rige el comportamiento íntimo de la materia, lo que asombra al un hipotético observador exterior es descubrir la figura yacente sumergida en esa incoherente masa matemática. El ser, maravillosamente inmóvil en el reino del Caos, transmite la calma y tranquilidad que sólo podemos encontrar en el reposo de nuestros más bellos sueños.
Y es que esa figura, ese genio inmóvil, sueña dormido. Y son sueños importantes para el resto del Cosmos. Sueña con números. Sueña contando con todas las cifras del número π. Y cada vez que llega al final, pues π es en realidad un número finito, aunque un poco más largo que todos los demás, el genio despierta.
Una vez despierto, permanece así durante unos instantes. Apenas un latido de corazón. Bosteza y mira a su alrededor. Después, vuelve a dormirse otra vez. Y empieza a contar desde el principio.
Si sólo fuera esto, que el genio contara o dejase de contar no tendría ninguna importancia perceptible por los demás seres. Pero cada vez que el genio despierta, ocurre una serie de acontecimientos, que como un torrente se precipita veloz hacia el abismo, formando una cascada de sucesos que conducen, principalmente, a dos sucesos: Un eón empieza y otro termina. Y el más importante de las dos, el Antifinito cambia de manos.
La mayoría de la gente no se da cuenta de ninguna de estas dos cosas. No afectan demasiado a sus cortas vidas y, de hecho, exceden su limitada capacidad de comprensión del mundo que les rodea. Sin embargo, cuando las generaciones posteriores estudien las épocas de transición entre eón y eón, observarán curiosas improbabilidades numéricas.
Así, el hecho de que ciertos reptiles hiperdesarrollados vieran como su civilización fuera totalmente destruida por la azarosa caída de un meteorito estelar, que un pequeño barco de acero reforzado chocase contra un pequeño trozo de hielo flotante en mitad de la inmensidad del océano Ártico o que el ganador de la Lotería de Navidad Nacional tuviera un cupón que coincidiese exactamente con el número de teléfono móvil de su hija pequeña, son pequeños ejemplos aislados de casos de improbabilidad que no hubieran ocurrido en ninguna otra circunstancias.
A pesar de todo un reducido número de seres pensantes son perfectamente conscientes, no ya del cambio de eón, algo imperceptible incluso para la mente más aguda, sino del cambio de dueño del objeto más enigmático de la creación.
Este último hecho tiene gran importancia. Los hay que dedican toda su vida a convertirse en El Elegido, ya sea por el gran poder que sea adquiere o por la simple y mera curiosidad de llegar a entender hasta el más ínfimo secreto escondido. En el extremo opuesto, están los que esperan con toda su alma que el objeto no llegue a ellos, llegando incluso a pensar en quitarse la vida si fuera necesario. Afortunadamente para ellos, nunca ha resultado designado sucesor nadie que tuviera conocimiento previo de la existencia del antifinito.
Convertirse en el siguiente en soportar La Carga es abrumador. La cantidad de información adquirida haría habitual la práctica del suicidio prematuro de los escogidos si no fuera porque esto es, paradójicamente, imposible. El portador del antifinito es el guardián del Universo en su más pura esencia y como tal, es capaz de ver las ecuaciones fundamentales de una manera que ningún otro ser puede igualar. Las siente como lo que son, una parte de sí mismo, lo que evita las tendencias autodestructivas. Al menos, para la gran mayoría.
Una vez que el designado llega a ese conocimiento, en una cantidad de tiempo realmente pequeña, se resigna a su suerte y pasa a ser el guardián hasta que termina otro período y el antifinito vuelve a cambiar de manos.
De dónde salió este objeto en cuestión, nadie lo sabe. Puede que la produjera alguna deidad olvidada con algún fin determinado. O que cayese del cielo en un tiempo pretérito. Lo único que se sabe es que nadie lo controla. Tiene mente propia, una mente caprichosa.
Otro misterio añadido es el por qué esta tan relacionado con el genio dormido. No deja de ser una casualidad curiosa que cambie de dueño cada vez que el genio se despierta. O tal vez no es más que eso, una casualidad. Lo que si parece claro es que es necesario para el buen funcionamiento del Cosmos en general.
Sólo queda rezar para que nunca caiga en malas manos.
Pero Nunca, es mucho tiempo.

3 cosas (no) relacionadas:

Lintu* dijo...

No se si es sano leer esto mientras como galletas con chocolate (ahora mismo el chocolate, porque las galletas ya me las he comido) y más teniendo en cuenta que son la una menos cuarto...
Pero bueno, supongo que lo dejaré en "raro", supongo.

Lograi el Luciérnago dijo...

Hmm... ciencia...

Ki dijo...

oh... mis lectores favoritos

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