Mostrando entradas con la etiqueta Metro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Metro. Mostrar todas las entradas

jueves, 9 de abril de 2009

CN: Culo veo, culo quiero

Buenos días, queridos amigos frikis. Hoy vuelvo con una Crónica Niméndila, ya sabéis, uno de mis relatos en primera persona, basados en hechos reales de mi propia experiencia, sazonados en ocasiones con ciertos toques de fantasía, pero sin perder nunca su sentido realista, ni vulnerar los sólidos lazos que me unen a la realidad.

Pues veréis, iba yo el otro día volando por el espacio sideral, melena al viento, cabalgando a lomos de un dragón de ocho cabezas y siete... Naaah, os lo habéis creido. Pero si he dicho sólidos lazos que me unen a la realidad. ¿Que hay de realidad en eso? Si en el espacio sideral no hay viento, hombre. Venga, vamos otra vez, esta vez si, de verdad.

Pues veréis, iba yo el otro día volando (en mi querido metro de madrid, claro) en un día típicamente normal. Cientos de personas por vagón, auténticas hordas y alianzas copando cada centímetro cúbico de espacio. El desagradable contacto físico con desconocidos poco atractivos se hacía inevitable. Era primera hora de la mañana y aún así el tren ya apestaba al representativo olor picante de sobaco que caracteriza a los viajes en hora punta por el subterráneo de la ciudad.

Podéis imaginaros que con el vagón tan lleno iba yo más aburrido que el gato de Schroedinger una tarde de domingo. Ninguno de mis pasatiempos habituales del metro era factible en esas condiciones. Ni siquiera podía dedicarme a mirar a la gente. Llevaba tan cerca al tío de delante que lo veía pixelado.

Y por fin, el tren llegó a mi parada. Y comenzó la lucha diaria, la batalla por la supervivencia, la carrera hacia la vida. Como en ese documental en que los ñus cruzan el Massai Mara y al otro lado del rio hay una pared de piedra que tienen que trepar, así se desarrolló la cotidiana ascensión desde el andén subterráneo hasta la superficie. Todos llegabamos tarde, y los más lentos, los menos hábiles pasando los tornos y escalando las escaleras mecánicas serían devorados por los cocodrilos del tiempo.

Pero de repente, mientras se producía la ascensión, sucedió algo insólito. Un repentino silencio invadió la estación entera. El tiempo pareció detenerse. Todas las miradas quedaron fijas en un mismo punto, en un poderoso foco de atención que reclamó tado nuestro interés. Allí delante se alzaba un culo. Un culo de perfectas proporciones, un culo que podría sentar (y nunca mejor dicho) todo un canon de belleza.

Al parecer, una chica, gacela Thompson del lunes a las 7, se había destacado del pelotón, situándose varios metros por delante hacia la salida, y varios metros por arriba en los escalones metálicos. Su culo, enmarcado en unos minúsculos shorts, quedó, pues, suspendido, a la vista de todos, en el centro geométrico de la estación.

La visión de tan perfectas nalgas generó, como ya he dicho, un enorme silencio colectivo. Pero no un silencio incómodo, sino todo lo contrario, un silencio cómplice, un silencio de comprensión, un silencio de los que sólo se generan cuando todo el mundo comparte un mismo pensamiento.

Embargado por una euforia sólo comparable a la producida por ciertas sustancias y por las apariciones de la Virgen de los Pecados, quise saber si los demás estaban alcanzando grados tan altos de iluminación mística como aquellos a los que estaba llegando yo. Así que, en un esfuerzo de auténtica voluntad, aparté mis ojos de aquella visión bendita, y miré a mi alrededor.

Al mirar a todas aquellas personas pude sentir su felicidad. Todos esos hombres y mujeres, tan distintos y tan dispares, tan agobiados y apurados, habían olvidado por un momento todas sus miserias, sus angustias y sus problemas. Todos ellos, hermanados en tan intensa comunión habían dado paso a una alegría que invadió sus corazones, y fueron felices.

Ese culo, oscilando con un movimiento ármonico simple, simple pero hermoso, consiguió lo que a lo largo de la historia no han conseguido ni los líderes ni las religiones: unir a toda la gente en un ideal por encima de razas, sexos o ideologías. Ese culo, con su grácil bamboleo, fue el impulsor de un pensamiento colectivo, un pensamiento único, expresado en cada cabeza de una forma diferente, con unas palabras diferentes. Y ese pensamiento fue el catalizador de un impulso, de un efecto, de una reacción común. Todos nosotros, motivados por ese impulso común dimos un paso más. Un paso más fuerte. Un paso que no fue sino un paso hacia delante, pero que significó mucho más que eso. Significó un paso hacia una meta, hacia una idea superior.

Y de repente, pasó. Se fue. El momento se rompió y todo volvió a ser como antes. Cada uno siguió avanzando, inmerso en sus propios problemas. La gente se dividió, por diferentes puertas y pasillos y la chica se perdió en la multitud.

Más tarde, esa noche, en la mansión Sima de Rol, reflexionando frente a un buen oporto, me invadió cierta melancolía. No podía dejar de sentir lástima por aquella muchacha. Para ella, este no fue sino un día normal, un día anodino como otro cualquiera. Ella, inconsciente de todo lo que pasó, ha seguido su vida de manera normal, ignorando todas las sensaciones que su culo provocó. Ese culo anónimo que alegró las vidas de tantas personas. Y no sólo por aquellos momentos de solidaria unión con el prójimo que vivimos en esa estación, sino sobre todo, porque esa misma sensación que vivimos esa mañana se albergó en nuestros corazones. Y cada vez que una mañana es dura, cada vez que las aglomeraciones del metro son excesivas, el recuerdo de esa unión, de esa sinergia espiritual vuelve a cada uno de nosotros, y nos recuerda que la vida puede ser un poco mejor.

Y en esos momentos, mi lástima y mi inquietud por la dueña de tan adorable culo se sosiegan, mitigados por la comprensión de que los culos no han venido a la tierra a ser felices, sino a generar la felicidad. Y por eso, aunque su dueña, santa desconocedora de su calidad, lo ignore, ese culo puede sonreir con la satisfacción del deber cumplido.

jueves, 2 de abril de 2009

Metro de Madrid: ¿Diseño original?

Buenos días por la mañana en este agradable y precioso jueves, queridos amigos frikis. Y por si no nos vemos luego: buenos días, buenas tardes y buenas noches. Hoy toca hablar de cosas del mundo real. Olvidemos por un momento la fantasía, los roles, nuestras vidas paralelas y nuestros amigos imaginarios. Vamos a dar un paseo por la realidad. Por la realidad de Madrid.

Tanto los locales como los que sois de fuera sabréis que esta ciudad es conocida principalmente por dos cosas. Por dos cosas que, por cierto, no tiene: un oso y una magnífica red de metro.

El oso, es el oso del escudo de la ciudad. Y bueno, si en España entera las parejas de osos en libertad se cuentan con los dedos de los pies, imaginaos en madrid.

Y la red metro, bueno, que voy a contaros. Metro de Madrid: Vuela. Yo antes siempre hacía la gracia de poner lo de "Metro de Madrid: Huela", para burlarme, pero ahora la verdad es que prefiero decirlo tal y como ellos mismos se publicitan, con lo de vuela. Me parece de una ironía y un sarcasmo mucho más demoledores que cualquier chiste que se pueda hacer. Pero bueno, dejaré mis críticas para otro día.

Tambien dejaré a un lado mis críticas sobre su relativa seguridad. Sobre que la mayoría de los guardias de seguridad dan más miedo que cualquier maloso que te puedas encontrar. Y lo de las cámaras. "Más de mil cámaras de T.V. velan por su seguridad" rezan los autoanuncios de las papeleras del subterráneo. Por favor. Si en esta ciudad hay más estaciones de metro que sodomitas en los burdeles de Isengard. 293, según se jactan en la página de metro. 1000/290 = 3,45 Pongamos que sean cuatro. Pero hombre, si fuera que hay 70 cámaras por estación, comprendo que te sientas orgulloso y lo pongas en las papeleras, pero joder, poner en los cartelitos que sólo tienes cuatro miserables cámaras por estación me parece ciertamente triste.

Pero bueno, he dicho que era de eso de lo que justamente no iba a hablar. Sin embargo voy a hablar del diseño de la red de metro.

¿Como se diseña el trazado de una red de metro? Se supone que un conjunto de ingenieros, urbanistas y más gente sesuda se reunen y juntos localizan los mejores puntos para abrir una estación. Sitios de fácil acceso y con un notable flujo de peatones, que además cumplan con las características técnicas adecuadas para la construcción de una estación subterránea. Luego tendrán que decidir los trayectos de las líneas que unirán estas estaciones para ver el trazado de los túneles. Así poco a poco, estación a estación y linea a linea se va formando una compleja red de metro.

Ese es un método. El otro es copiar el trazado de otra linea de metro ya existente.

Tal y como se ha hecho en Madrid.

Si, amigos, cuando hace justo 100 años se inauguró el Metro de Madrid, nadie sospechó nada. No había motivos para sospechar. No había, sobretodo, pruebas para sospechar. Pero el paso del tiempo, y la expansión de la red de túneles, han hecho difícil que se pueda ocultar por más tiempo este escándalo. Un escándalo que no han podido esconder ni siquiera las mañas y trucos de los primeros diseñadores del entramado de vías, que diseñaron los planos y fueron enterrados vivos en los más profundos pozos de la linea 2, cual arquitectos de pirámides, para evitar que desvelasen los oscuros secretos de Metro.

Pero, una vez más, Sima de Rol sección Conspiraciones (creamos las nuestras, desvelamos las vuestras) ha llegado hasta el fondo del asunto. Durante meses, nuestros investigadores han recorrido los oscuros túneles, realizando mediciones y trazando mapas. Burlando la fascistoide férrea seguridad, han investigado y conseguido datos en las salas de control. Durante interminables noches han husmeado por las cocheras de metro en busca de pruebas. Con métodos de los que Roscharch podría sentirse orgulloso han obtenido información de punkis, mendigos, jugadores de airsoft, exploradores urbanos y otras gentes de las que con frecuencia recorren los túneles por la noche.

Y al final, después de analizar y cotejar todos los datos y pruebas obtenidos, llegamos a una conclusión: El trazado del Metro de Madrid, Vuela, no es original, ha sido copiado.

Y podemos probarlo con una sencilla demostración. Esto es el mapa del metro:


Imaginadlo invertido.

Esto es el mapa de la Tierra Media:


¿Vais captando un patrón?

Y esto finalmente, es el mapa de metro invertido, superpuesto al mapa de la Tierra Media.


¡Aja! Aquí lo vemos, amigos, el diseño del metro de Madrid está claramente copiado del metro de la Tierra Media, como prueban estos irrefutables documentos.

Con la linea 10, que recorre las montañas nubladas, el metro sur, circundando Mordor, e incluso la linea 9, que corresponde al antiguo trazado de Númenor.

Así que ya lo véis, amigos. No sólo no vuela sino que está copiado.

Os dejo que reflexioneis sobre ello. Nos vemos el sábado.

Comenta con nosotros. Hasta el pequeño Cthulhu lo hace desde su nuevo móvil con tecnología 3G.

Comentad, comentad. Cuanto más comentéis, antes volverá Cthulhu desde su encierro abisal en R'Lyeh.